Relámpago maldito


Probablemente este texto se borre antes siquiera de llegar a terminarlo. Probablemente, estoy segura.
Y es que siempre ocurren las cosas cuando estoy segura de que ocurrirán. SIEMPRE.
Esta es una virtud impresionante, pensaréis… Sí, para predecir el futuro no está mal.
No es para tanto, en serio. Sí, tengo un especial ojo clínico para saber cuándo las cosas van a terminar en desgracia, sólo eso.
Es como una punzada rápida en cierta concavidad del pecho que te atraviesa, de repente, en un segundo, dejando tras de sí una increíble angustia taquicárdica. Y ya. A partir de ahí, ya sabes que, hagas lo que hagas, la cosa pinta mal.
No lo llamo intuición, lo llamo certeza. Es ese relámpago de realidad que unos cerebros esconden y otros, este mío, por ejemplo, te envían sin contemplaciones. Querías saber la verdad, ¿no? Ahí la tienes. Disfruta.
No recuerdo una sola vez de martillazo sin consecuencias −nefastas consecuencias−. Unas fueron horrorosas en su día, el del pellizco y sus posteriores (uno, quince, seiscientos…), días duros, pero ya olvidados; otras están lejos y parece que ya casi ni dolieran, bueno, va; pero existe un tercer tipo, el de las irreparables. Dicen que todo en esta vida tiene solución, menos la muerte. Pues eso.
Pero hablábamos del martillazo. Cuando nadie ve, cuando nadie escucha, cuando nadie siente… Entonces se presenta. Y te da la exclusiva como si sirviera de algo útil. ¿Ir por delante de los demás? ¿quitarte la venda antes que nadie? ¿por qué? ¿para qué? Qué injusto… Si acaso para terminar explicando el panorama… y que encima no te crean.
“No, eso no puede ser”
“Sí, hombre, tú siempre igual”
“Haz el favor, ¿no? ¡No tiene por qué pasar eso!”
Pero tú, con tu certeza, sólo tratas de hacerles la vida más fácil. A ellos.

Otras veces, pocas, el martillazo debe de tener una cierta onda expansiva que, sin haber tú querido abrir la boca, no sé si es que sale por los ojos, pero delata. Esto sólo pasa cuando lo ignoras, claro. Es como un sistema de seguridad que se ejecuta cuando no lo dices en voz alta.
Y es que odio esa certeza. Si insufrible es la incertidumbre, la confirmación inequívoca de la desgracia…

Pero hablábamos de estas letras, ¿no? Estas letras venían a otras cosas. Venían a ajustar los desajustes de unos cuantos recuerdos recordados.
Sólo que… efectivamente: se han borrado. Un regalo saberlo de antemano.

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