Maldito García Márquez


Sabía que iba a morir. En cuanto vio la cara de aquel desconocido a las ocho de la mañana en la puerta de la habitación, sabía que iba a morir.
Estaban a tan solo un par de metros de él y tenían la información más importante de su vida: que se acababa.
“Crónica de una muerte anunciada”. Maldito García Márquez, le había robado el título. Con esa asquerosa manía de ponerle etiquetas a todo, aún no había terminado el mensajero de explicar el porqué de su pronóstico, y ella ya sólo veía sobre él un rótulo imaginario de neones más que fluorescentes, parpadeando sin misericordia, que decía alto y claro: “FIN”.

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