Pabaji


¿Puede ser cierto? Quizás son unos días de esos locos de primavera, no te asustes. Probablemente no sea nada. Ni eso, ni lo otro.
No te asustes, en serio. Puedes con eso y con más, lo has demostrado. Eres fuerte y valiente. No necesitas que te lleven al límite para que salga tu bestia. Hazla salir.
Eres un cúmulo de grandes potenciales, todos lo han dicho. No te canses. Sigue buscando ese alfiler que haga explotar tu globo y llene de color y de energía tus acciones.
Pronto, va a ser pronto. Tiene que ser pronto.
Imagina que hoy no es el día que es, del mes que es. Imagina que nada te afecte. Imagina que esa mano que apretabas sigue contigo. Imagina que esos brazos que te achuchaban siguen haciéndolo. ¿Sería entonces más fácil?

Imagina que no necesitas esa mano a la que acariciabas constantemente en estos días porque… después de todo, pocas caricias te devolvió a lo largo de 28 años. Lo sabes, es así. Puede que te dé pena, pero es cierto que esa mano y el resto del cuerpo al que iba pegada… realmente era un poco despegada.
Piensa que sintió toda tu fuerza y tu amor y que no olvidará nunca cómo se iba contigo de la mano. Sólo contigo. Y que no llorabas. Que tan sólo eras fuerza y amor, fuente de tranquilidad y calma en el momento más feo de la vida. Feo o no, el último.
Puede que alguna neurona quedase viva y sintiese tu presencia. O ese apretujoncillo leve pero firme. O esa última pasada de un dedito dulce por tus mejillas. O que, simplemente, se supiese observado por tus ojos llenos de pensamientos escondidos. Quizás os decíais cosas en silencio.

Piensa que eres grande. Que puedes hacer cosas muy grandes. Que tu corazón blandito y tu coraje te van a llevar por caminos llenos de lágrimas, sí, pero también a grandes tesoros sólo reservados para los buenos espíritus.
Porque no es mentira: es que eres grande. Tanto, que te sobrepasa y no sabes manejarlo con ese cerebro que a veces se hace chiquitito frente al alma.

Imagina también que los abrazos no son tan reconfortantes, que los has idealizado. Que eso del achuchón que te deja literalmente sin respiración no te es imprescindible. Hace mucho tiempo desde esa última apnea y sigues viva, ¿no? ¿Quieres dejarlo ir?

Aferrarse… Retener sólo carga de pesares tus bolsillos.

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