En un rincón del alma.


En un rincón del alma rincon
donde tengo la pena
que me dejó tu adiós…
En un rincón del alma
se aburre aquel poema
que nuestro amor creó.
En un rincón del alma
me falta tu presencia
que el tiempo me robó,
tu cara, tus cabellos,
que tantas noches nuestras
mi mano acarició.

Todos tenemos un adiós o dos que nos consumen.
Otros pasan por nuestras vidas sin tanto boato ni tanta despedida. Sin tanto dolor. Hay despedidas que se van construyendo día a día. Cuando se pierde el beso de antes de irse a trabajar, cuando ya en la cama ni se dice “buenas noches”.
Lo cruel  es cuando te han robado. Cuando ese Andreas decide por ti el final y no deja siquiera el derecho a la réplica. Cuando te roba su cara, sus cabellos y deja a tu mano huérfana. Cuando el poema se destruye, se  moja y se borran las letras, sus palabritas… Quedando solo el silencio. Quedando solo.

En un rincón del alma
me duelen los “te quiero”
que tu pasión me dio,
seremos muy felices
no te dejaré nunca…
siempre serás mi amor.
En un rincón del alma
también guardo el fracaso
que el tiempo me brindó,
lo condeno en silencio
a buscar un consuelo
para mi corazón.

Entonces se pone en marcha la maquinaria del recuerdo: el corazón roto, que trastoca todos los sentidos –especialmente el común– haciéndote pasar una y otra vez por la pasión y los “te quiero”, las promesas y lo compartido.
El anhelo de lo (bien)vivido, ése es tu fracaso.

Me parece mentira,
después de haber querido
como he querido yo,
me parece mentira
encontrarme tan solo
como me encuentro hoy,
de qué sirve la vida
si a un poco de alegría,
le sigue un gran dolor…
me parece mentira
que tampoco esta noche
escucharé tu voz.

Y engañarnos y desengañarnos. Y saber haberlo dado todo y que el resultado sea esta profunda soledad. Porque sólo quien conoce la felicidad y el compartirse puede conocer de cerca el dolor de la certeza… Que tampoco esta noche escucharé tu voz…

En un rincón del alma
donde tengo la pena
que me dejo tu adiós…
En un rincón del alma
aún se aburre el poema
que nuestro amor creó.
Con las cosas más bellas
guardaré tu recuerdo,
que el tiempo no logró
sacarlo de mi alma,
lo guardaré hasta el día
en que me vaya yo.

Y es que lo que duele es lo hermoso, las experiencias plenas. Comprender que el amor existe, que ha sido tuyo y que se fue. Se evaporó. Como Omar, de un día para otro, con la promesa de “nos vemos esta noche”.

¿Y si ese paraguas rojo no es suficiente? Podemos luchar, podemos recomponer a nuestra Cara de patata, pero… ni siquiera adivinando el futuro podemos librarnos de él.
Enamorarte de quien no debes, enamorarte de quien no puedes… y contar con un paraguas rojo, tu paraguas rojo: tú.
Sólo tú y tus decisiones serán tu propio paraguas, el que te defienda y te proteja de los sinsabores de la vida.

Mujer de agua, hazte de hielo.

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