Dos


Dos, eran ya dos. Y aprendió a buscarse la vida, a volver sola a casa, a elegir los bares, a decidir con quién pasar la tarde, o la noche.
Dos, eran ya dos. Nunca creyó que fuese a darse tal aniversario. Y sin embargo, ahí está, viva, sola, grande… Aprendiendo a callar y a sonreír.
Dos, eran ya dos. Ninguno de los que la han conocido en ese tiempo sabe realmente de quién se trata. Se parece bastante, pero aún llora.
Dos, eran ya dos. Suficiente para haberse demostrado que más vale solo que mal acompañado. En la vida, en los bares y en la cama.
Dos, eran ya dos. Y así seguirá siendo. Dos, y tres, y los que hagan falta. Porque detrás de un destello no siempre hay un tesoro.
Dos, eran ya dos. Y las luciérnagas no son más que detalles del camino. ¿El objetivo? no es tanto el tesoro, como la luz misma.
Dos, eran ya dos. Y había crecido tanto que no le importaba.

Extrañamente, este dos significa uno más que nunca. Una.

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