Como Alicia.


Como Alicia, que cambia de tamaño dos y tres veces en el día. Con las agallas suficientes para hacerse enorme y fuerte en un momento. Tan fuerte, tan fuerte, que le entró el pánico y casi se ahoga en sus propias lágrimas, que la devolvieron a un estado incluso inferior al inicial.

Como Alicia, que siempre acaba sola.

Como Alicia, ajustando los pedacitos de su propia alma para adaptarse a un mundo que se ajuste a su estatura.

Viendo siempre al tiempo pasar, corriendo burlón por delante de ella…

Como Alicia, asistiendo al té más insufrible que había visto en su vida, por falta de lógica.

Como ella, buscando siempre a su Gatito de Cheshire para poder conversar con alguien conocido… o ¡seguir al Conejo Blanco, seguir al Conejo Blanco!

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