Caricias de sosiego


Y mi mano sumergida entre la cálida espesura que envuelve tu caja del desastre,
rebosante de tanto en antagónico desorden.

Oh… qué no daría  por sentir de nuevo el placer de acariciarte.
De perderme otra vez entre tu cuello…  por tu cara…
despacio, en ese vaivén de tranquilidad y gozo que sólo la caricia proporciona.

El contacto infinito hasta dormirme serena, plácida, en paz, calma.
Sin la angustia constante de cómo despertaré mañana.
Porque así, a tu lado, siempre amanece mi sonrisa.
Abrazada por la emoción de saberme tuya.
Abrigada por la entrega de saberte mío.

En lo apacible de la fusión -ya tan lejana- y el intercambio de gestos, de detalles, de palabras y de sueños.
De deseos…

Y mi mano sumergida entre la cálida espesura que envuelve tu caja del desastre…

Oh… qué no daría por sentir de nuevo el placer de acariciarte.

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