Garabatos


Si fuera una canción, ahora mismo sería la más triste del mundo.

Todo lo malo le provoca el llanto. Todo lo bueno, también. “Con lo bonito que es el sol, ¿por qué no puedo disfrutar de él?”, se preguntaba.

Una flor recién nacida, un aroma embriagador, una estampa que embelesa… y nada. El resultado resbalaba frío por sus mejillas. Se le salaban las pecas, que se iban carcomiendo poco a poco. En otro tiempo marcaban el camino de la felicidad, aunque no fuesen las suyas. Une los puntos, verás lo que sale.

Un garabato.Un ovillo de líneas cruzadas, pisadas unas contra otras, sin principio y sin final, desagradablemente circulares, desagradablemente revueltas, desagradablemente inertes. Nada. Un jeroglífico sin solución alguna.

En ocasiones se armaba de valor y borraba todo como con piedra pómez. Al principio duele un poco, pero para que el barniz quede perfecto hay que quitar las capas ajadas anteriores. Y buscando el pulimento nuevo pasaba los días, esperando que sanara su particular zona cero.

Pero no se puede bruñir una y mil veces. Pericardio desgastado. Cada vez más fino y agotado, consumido por el último revés, escrito con acero de navaja. Y para disimular el costurón, un vendaje precario y mal pegado que al menor traspié salió volando y dejó a la vista la rotura. Una vez al aire, no tardó en abrirse de nuevo por el roce propio del vivir.

Y lo que era una señal del mal pasado refiere en superficie una amalgama de humores impregnados de aflicción y olor yodado.

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