Canción del reloj parado.


No sé qué vengo aquí a decir,

no sé si tengo nada nuevo que contar.

Y es que hay tanto, demasiado,

que no puedo enderezar en mi cabeza

y ponerle nombre, sino caos.

No me apetece ni siquiera ser feliz.

Los objetivos van cambiando,

pero es que ahora incluso los perdí.

Buscaré un lugar donde los sueños sean tangibles,

quizás es el País de las Maravillas,

y yo el conejo loco que no sabe dónde va.

Sólo sé que como él voy siempre tarde,

y que nadie me esperará al llegar.

No me apetece ni siquiera ser feliz.

Los objetivos van cambiando,

pero es que ahora incluso los perdí.

Todo se trunca en un minuto.

A mi me dieron treinta días.

Y a pesar del tiempo desde las despedidas,

impreso en mi interior está el recuerdo

de cuando yo tenía todo cuanto quería.

Qué duro es caminar por esta senda fría

sin alguien que te diga “eres para mí”.

No me apetece ni siquiera ser feliz.

Los objetivos van cambiando,

pero es que ahora incluso los perdí.

No me apetece ni siquiera ser feliz.

Los objetivos van cambiando,

pero es que ahora incluso los perdí.

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