Se va llenando la agenda.


Se va llenando la agenda para la semana que entra.

Un gran lazo negro ondeando por Sevilla te llevará hasta la Gran Iglesia una vez más, abrumado más que nunca por la nube de Los Tres Reyes. Más a la vista, y sin embargo más adentro que cuando tu imagen se hallaba escondida en el pecherín de tu Virgen.
En esta ocasión también irás allí, solo que un poco más alto. “De aquí al Cielo”, sí… pasaste de ir sobre tus zapatos con hebillas a cruzar un par de metros y subir a lo más alto. Al teatrillo precioso que Le montan en la Tierra y es como tu Cielo.
Dos metros… de lo terrenal a lo etéreo. Le lamaré Cielo por ti.

Me gusta imaginar que exista para ti lo que habías esperado. Me gusta pensar que caminas con tus prisas de aquí para allá sobre un manto de nubes entre las que se encuentran los mejores, en un mundo perfecto, azul, iluminado, feliz, divino… trajinando altares, encargando Sagrarios, regalando pañuelos, llenando de oro túnicas para Su hijo, organizando eventos en conventos que te recordaban tu niñez, corriendo entre hierros familiares. Me gusta pensar que no eres nada; que eres feliz en el Paraíso prometido, que era tu destino soñado. Qué quizás nos ves y nos cuidas. Que quizás tu energía aún se pasea por aquí y nos empuja a seguir vivas. Me gusta traicionarme en pos de lo que tú anhelabas para el día de mañana.

El Domingo, este domingo ya… imaginaré también que estás de pie, en primera fila, disfrutando de lo tuyo. Sonriendo -en un momento de distracción- por lo bonita que va. Olvidando por un segundo que todo tiene que ir perfecto. Dejándote llevar por sones venidos de Olivares y embelesándote en la belleza del conjunto.

Como cuando, casi ya de recogida, me iba a buscarte por la calle, a ti, no a Ella, a meterme en esa nube espesa de incienso y gente caminando hacia atrás, por acompañarte en los momentos que a ti más felicidad te daban. Por intentar comprender esa grandeza que tus ojos veían en tan grandioso espectáculo y… los míos no.

Lo intenté. ¡Dios sabe que lo intenté! Pero pudieron más el rencor y la envidia. Se llevaron Ellos tu vida, tu dedicación y tu tiempo… y mira cómo te pagaron.

¿Dónde estaban Ellos cuando no podías moverte? ¿Dónde? ¿Dónde cuando te dolía? ¿Dónde cuando te agotabas por beber un trago de agua? ¿Dónde? ¿Dónde? Porque yo no los ví, ni siquiera los sentí. Y estuve haciendo guardia… bien lo sabe Dios.

 

“Sigue la cera llorando
en el pabilo que arde
y cuando muere la tarde
su llanto va derramando”.
Diez meses después, aún al compás la cera te llora.
Días extraños estos sin ti, con tu recuerdo pululando entre marchas y azahar. Con un pregón que no escuchas y una cera que no enderezas.
Se te siente por la casa, trasteando y ultimando para tu Domingo Grande.
Nervioso ante las previsiones, tranquilo en cuanto a los avances.
Contento porque tu Semana está a la vuelta de la esquina.
Tu “por y para qué” vivir.
Y sin embargo, como todo, ella te sobrevive y parece que, en cierta manera, una energía extraña que pudiera llamarse Javier va de aquí para allá resolviendo detallitos… saliéndose con la suya para que todo esté perfecto.
Pero ¿sabes qué? No puede estarlo.
Nada estará perfecto en ninguna de tus dos casas.
Faltas tú.
Y eso… eso no puede ser perfecto.

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