De las Penas, tu Gracia y tu Esperanza.


Un sol espléndido en Sevilla, gente en sus calles, la primavera anunciándose a pasos acelerados, el incienso apremiando y la revolución llamando a mi puerta.
Cómo me gustaría creer que estás por ahí, en ese azul que veo desde tu casa.
Cómo me gustaría oír ahora mismo el tintineo de tus llaves por debajo del balcón y, un minuto más tarde, verte entrar aquí, soltar el pan y el periódico, preguntar qué hay de comer… “que va a llegar tu madre…”. Contarte mis tontunas y que no me hicieras caso, mandarnos callar porque “dan El Tiempo” y el Domingo de Ramos está a la vuelta de la esquina.
Cómo me gustaría no deshojar el calendario y pensar “el año pasado, el día 12… fue el último día que pisaste la calle tieso como una vela”. Con tu chaqué. Cansado, pero elegante.
Qué no daría yo…

“Volar a los brazos de mi pare
y recibir el brillo en su mirada
para luego alejarme lentamente
a un tablao a bailar por sevillanas”.

PENAS.

Ese último día que saliste a la calle. En esa silla de ruedas, pegadito al manto de tu Madre, con tus flores en el regazo y un nazareno pegado a tu sombra.
Esa que iba debajo de tu antifaz, dentro de tu túnica y casi arrastrando tu capa. Esa que no quería irse con Ella, sino que quería quedarse contigo porque… ver ese espectáculo sentado, desde esa maldita altura de una silla, sabiendo que era la última vez… Dios mío… qué pensarías mientras La veías irse… y tus ropajes con Ella… en tu sitio… de Fiscal. “¡DE AQUÍ AL CIELO!”, decías… y anda que te fuiste a equivocar.
Y luego, a la entrada, ese “fiscal improvisado” no hacía más que mirar a tu ventana, pero tú no estabas. Ya te habías despedido de lo que más te importó en esta vida.
Penas las que nos dejaron aquéllos que vinieron a recogerte. No me gustó el canje: se llevaron tu alma, tu nobleza, tu humildad, tu gitanería 😉 , tus ganas, tu entrega a tu Hermandad, tus prisas y tu insistencia… Porque mira que eras pesao cuando querías algo, ¿eh? Pues no te preocupes, yo lo sigo siendo ya por ti.

GRACIA.

Se entiende por Gracia Divina el “acto de amor unilateral e inmerecido por el que Dios llama continuamente las almas hacia Sí”.

¿GRACIA? Gracia la que has hecho Tú,  mi alma…

Así que mejor obviemos el concepto teológico,que no quiero que mi padre se disguste conmigo por llevar la contraria… como siempre… Pequeña ovejita negra bolchevique… Malhablada, directa y enemiga de las apariencias y los protocolos excesivos… Todo tu contrario.
Pero mira, sí, también me llevé tu gracia y tu mordacidad, y aprendí en tus últimos meses a aceptar un poco lo que “se nos viene encima”, como tú (…ni de broma como tú: yo me revuelvo, pero bueno… algo he ido captando).

Y hasta en tus últimos días y con mucho esfuerzo, salía de tu boca alguna gracia que no podías dejar de compartir.

Y ESPERANZA…

Esperanza… una de las tres virtudes teologales, la capacidad de tener plena certeza de la vida eterna.
Acompañadas siempre de la templanza y la fortaleza. Nunca vi algo igual… La desesperación reinando por tu casa, y tú… en el equilibrio de la lucha y la resignación. Supongo que era cosa de la Esperanza.
Y detrás de ella te fuiste.

Ya fundí tu cera.

Fui detrás de tu Esperanza yo también, intentando convencerla para que te dejara aquí…

Y en apenas quince días volveremos al lugar donde verdaderamente ERAS,

pero esta vez, un pequeño lazo negro La acompañará por ti.

Adiós, San Roque, adiós… ¡Buena Estación!

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