Ni yo soy Carrie ni esto es Sexo en Nueva York. Un beso, Charlotte.


¿Por qué hay gente por ahí tan sumamente valiosa… que no deja de recibir patadas?
¿Qué será lo que empuja al mentiroso a aliarse con la ilusiones del que va de frente?
¿Es, quizás, un error entregarse a quien, después de todo, no sabrá apreciar cuánto tuvo en sus manos y nunca se dio cuenta siquiera de cómo dejó escapar la llave de lo maravilloso, de la armonía, de lo casi perfecto?
¿Será que no es el camino?
¿Y si lo objetivamente perfecto es renunciar a compartirse?
¿Qué pasaría si un día nos levantásemos y el egoísmo hubiese ganado la batalla?
¿Adónde miraría el mundo si ningún ser estuviera dispuesto a desdoblarse por otro?
¿Seríamos capaces de asumirnos individuos hasta tal extremo?
“El hombre es un ser social por naturaleza”, se afirma. Y sí, es así. Pero, entonces, ¿qué hace cortocircuito? ¿Qué nos hace conectar con tan escogidas personas a lo largo de la vida? ¿Por qué se desechan tantas oportunidades de siquiera conocer… cuando todo apunta al premio?
Y ahora viene lo mejor: ¿De dónde el mito de las mujeres a las que les va el “tipo duro”?
-Sí… es que a ti te va la marcha.
-¿Perdooooona? ¿Tengo cara de masoquista y me van los cabronazos?
– Te va el rollo, reconócelo.
Y entonces es cuando te planteas qué carajo de opinión se forma de ti la gente.
Conozco a ÁNGELES que no les va nada la marcha de sufrir de forma gratuita…

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