Y llega de nuevo.


De nuevo el aire que deshoja primaveras que ni siquiera llegaron a marzo.

Entre recuerdos precipitados por este sol meridional

la inevitable vista al calendario: “Tal día como hoy…”.

Evocaciones aleatorias que aparecen como ráfagas de lo bueno y de lo malo.

Y ambos  le producen tormento.

Se trenzan con el deseo para recordarle que el suelo sigue donde estaba,

que no se ha movido a golpes de ilusión ni palabras bonitas,

que sigue siendo igual de duro a pesar de no haber llegado a tocarlo otra vez.

Pero al apoyar su mano… ¡ráfaga! ¡impulso! ¡alzamiento presuroso!

¿Miedo? ¡Jajajajaja!

No, miedo no… Vista. ¿Ignorar el pañuelo que cubre sus ojos?

Arrancarlo con coraje de un solo golpe, de un tirón que silbando quema su cara

pero da paso a la fría brisa desprendida por el bofetón luminoso de la realidad.

Se hizo la luz.

Y la luz siempre le pareció mejor que la tiniebla teñida de rosa y acicalada con lazos.

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