Qué cosas… ¿no?


Vivir realidades que son verdaderas farsas; vivir “mentiras” etéreas que son mucho más auténticas que cualquier historia asentada en las bases de lo estipulado normal.
Así… ¿Cómo no van los cerebros a hacer cortocircuito?

Qué cosas… ¿no?

Uno está tan tranquilo un día y le dan un bofetón sin manos cargado de verdades y mentiras. Verdades escritas con sangre que se tenían por Evangelio y que de repente pasan a lo apócrifo. Así, sin más. Porque sí. Y ahí te quedas. Sentada en ese escalón, me da igual.

Porque tu verdad es mi mentira. Porque mi mentira es tu verdad. Porque te odio y te quiero. Porque te quiero y no puedo. Porque, aunque puedo, no quiero.

Desde luego… esta sorprendente vida es siempre cuestión de perspectiva. La tuya, la mía, la de los demás…

Decepciones: eso da lugar a decepciones. Y no hay un sentimiento más irritante que sentir que te han estafado. ¡Qué impotencia! qué triste el entregarse a la resignación. Por favor, qué palabra más fea: “resignación”; aceptar la derrota sin derecho a réplica… uuuuuugh… sin poder levantarte una vez más y defender lo tuyo…. qué corajeeeeeeee.

Aaaaaaaaaaargh, se saltan las lágrimas sólo de pensarlo. ¿Conformarse?  Pero si… “¿de qué se habla, que me opongo?”

Decía un señor antiguo “se hace ligera la carga que se sabe llevar bien”. Y dos mil años más tarde busco su tumba y le grito “Ovidio, sabio, dime tú; pero eso… ¿cómo se hace?”.

Como el burro con las sarrias… p’alante, p’alante, p’alante. Sin mirar atrás. Y tampoco al frente, para así no asustarse.   Que si ves la carga, amigo…. a ver quién es el guapo que no se sienta y se planta ante quien sea y le dice “ve tú yendo, que ya si eso…  ya si eso luego voy yo”.

Hasta aquí las verdades muertas por ser mentira.

…Y nuevamente, uno está tan tranquilo un día y le dan ooooootro bofetón sin manos.

¿O con ellas? Bofetones suaves de cariño que te revuelven los sentimientos al hacerte sentir viva. Personas que se entregan… que SE te entregan… así, gratuitamente. Que le dan sentido a tus sentidos. Que te enseñan a mirar hacia adelante e incluso te dan la mano para acompañarte.

Son aquellos con los que compartes fugaces instantes, quizás un par de copas… y que te enseñan cosas nuevas;  a costa de arrancarte sonrisas -a veces enfados también- , colaboran en llenar ese cajón vacío de felicidad y disfrute, de “¿tú te acuerdas?”, de “tú qué quieres”…

Por inesperados, parece que te den un bofetón de los que no duelen. Son pequeñas dulces mentiras de gente que apenas conoces, y que apenas te conoce, con la que compartimos nuestro tiempo.

Pues señor:  el tiempo es lo único que tenemos. Compartir momentos es un gran regalo.

Así es que… pongo la otra mejilla para vivir esas “mentiras etéreas” que por auténticas puede que se conviertan en realidad.

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