Rodar y rodar… o no.


Y ahora… ahora quiere bajarse de esa noria, aunque esté algo mareada y no sepa bien a dónde ir. Sólo sabe que eso había que pararlo y ya ha pulsado el botón de stop.
Una vez en el suelo -se propone-, respirará profundamente e intentará tomar el camino hacia algún sitio seguro. Y según camine, el mareo se irá difuminando. Se convertirá en paso seguro. Y entonces… ¡ay, amigo! Entonces… después de una larga caminata… entonces subirá a la montaña opuesta, mirará hacia la noria y esbozará una sonrisa por cualquier tiempo pasado.
Pero, “¡Un momento! ¡no corras!” -grita alguien-. “¿Por qué? ¿Qué pasa?”, replicó extrañada. “Cuidado. Ahora tienes que estar muy segura. Recuerda que ya bajaste una vez de esa noria y sucumbiste al desequilibrio teniéndote que sentar en ella a descansar. Y ¿recuerdas qué pasó? que empezó a rodar de nuevo arrastrándote en su girar desesperado aún más rápido que la primera vez. Bien, ya has pulsado el botón. Ahora… camina con calma”.
…Y en ese mismo instante, tras un ligero estremecimiento, la rueda comenzó a girar sensiblemente más despacio.

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