Sin-tigo soy mil cosas más.


Cuando soy taxista te llevo en mi taxi al mar

Cuando soy pianista canto al ritmo de tu corazón

Cuando soy pintor pinto tu cielo de almendros

Cuando soy cocinero tu sonrisa es la harina más blanca

Cuando soy ladrón robo todas tus penas

Cuando soy piloto te veo en cada nube

Cuando soy vagabundo me esperas en todas las ciudades

Cuando soy albañil te hago un palacio en el aire

Cuando soy profesor te enseño mil palabras mágicas

Cuando soy marinero te regalo los vientos

Cuando soy escritor te escribo esta canción

Y como sólo soy un niño te regalo la llave de mi laberinto.

Pablo Guerrero.- Mi laberinto.

Así comenzaba mi blog… con una poesía que aprendí en aquellos años en los que estudiaba literatura infantil y me sumergía en el mundo de la fantasía desde la perspectiva de una jovencita ilusionada con un futuro rodeado de niños a los que abrir las puertas del conocimiento, a los que arrancar sonrisas con sus payasadas, a los que querer y abrazar con la fuerza de un adulto que se enternece pensando en que esas carillas preciosas que hoy son felices, mañana serán personitas a las que pateará la vida.

Pero no, esa poesía no era más que el resumen de mi felicidad. Unas cuantas frases encadenadas que dedicaba a alguien que nunca las llegó a leer. Nunca llegó a saber a ciencia cierta cuánta verdad había tras ellas. Sí. Eran para ti, DDLCB, pero no las quisiste.

Hoy mis ojos contemplan una realidad contrapuesta a aquélla. Ahora ya… no soy feliz.

Supongo que esa afirmación no es del todo cierta, pero… comparando la plenitud de esos días en los que una sola alma, entera… vivía para mí… estoy muerta.

Dicen las gentes que hay que aprender a vivir solo. Es un engaño. Pretendemos hacernos a la idea de que somos autosuficientes, de que no nos hacemos falta los unos a los otros.  ¡Pero si ya Aristóteles, 300 años a.C. nos lo decía!:  “El ser humano es un ser social por naturaleza, y el insocial por naturaleza y no por azar o es mal humano o más que humano… La sociedad es por naturaleza y anterior al individuo… el que no puede vivir en sociedad, o no necesita nada por su propia suficiencia, no es miembro de la sociedad, sino una bestia o un dios”. Y lo siento, pero desde mi agnosticismo, queda prácticamente anulada la opción del dios.

Sí, necesitamos relacionarnos. Necesitamos que nos mimen, que nos cuiden, que se enfaden con nosotros y nos abran los ojos; necesitamos encontrar quien discrepe de nuestras ideas o nuestras actitudes. Necesitamos que nos quieran. Y algunos, incluso, necesitamos querer.

Quizás esa poesía haya muerto. Quizás yo no.

Ya no soy tu vagabunda, ya no soy tu marinera, ni tu taxista, ni tu piloto. Tampoco tu profesora ni tu cocinera, aunque una de esas afirmaciones sigue vigente para el resto de mi mundo: CUANDO SOY LADRÓN, ROBO TODAS TUS PENAS.

Ahora soy mil cosas más. Gracias.

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